HISTORIA DEL MEDICAMENTO

 

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Martes Mayo 23, 2017

Autor: Félix Castañón

 

 

 La Apomorfina es un derivado no narcótico de la morfina que actúa como potente agonista dopaminérgico, que fue sintetizado en 1869. Parece ser que en las memorias de Sir Norman Moore éste cuenta que él y otro estudiante anónimo eran alumnos particulares de Augustus Matthiessen, Profesor de Química en Bart´s desde 1870 en adelante. En 1869, éste, que también era empleado de Friedrich Bayer & Co. ( por aquel entonces fabricante de fibras textiles), separó dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno de la morfina para producir un nuevo alcaloide derivado de la misma: la Apomorfina. Su principal indicación era como emético (inductor del vómito), promocionándolo la Bayer como un purgante similar al aceite de castor. Más tarde se promocionó para “la cura” de la homosexualidad, alcoholismo y otras “conductas perversas”. Posteriormente fue presentado como tratamiento para la enfermedad de Parkinson y por último se vendió como estimulante sexual, como afrodisiaco y para la disfunción eréctil.

Durante los años 60 y principios de los años 70, la apomorfina fue usada intensamente en terapias aversivas. La terapia aversiva consiste en un tratamiento psiquiátrico en el cual el paciente se expone a dos estímulos de manera simultánea: uno de ellos es la actividad o estímulo que se desea erradicar y el otro es un estímulo que provoca sensaciones desagradables o incluso dolor. La idea era erradicar una conducta desagradable o desordenada, como la homosexualidad, el alcoholismo, la drogadicción, la pedofilia, etc. a través de una “influencia negativa”, es decir, crear asociaciones entre un comportamiento particular y algo realmente desagradable. Por ejemplo, a un homosexual se le proyectaban imágenes explicitas de homosexualidad a la vez que se le inyectaba apomorfina en altas cantidades que producían abundantes náuseas y vómitos. De esta manera, el paciente asociaría las náuseas y los vómitos con la homosexualidad, haciendo que ésta se convirtiese en una idea repugnante que lo condujese a cambiar su orientación sexual. De acuerdo con un informe de la época, los hombres gay se convertían en seres “sexualmente normales” simplemente después de cuatro días de terapias aversivas. La técnica era tan aberrante que incluso en algunos casos en que la apomorfina, además de los intensos vómitos, producía somnolencia, se le administraban al “paciente” anfetaminas para mantenerlo despierto.

                                        La realidad es que esta terapia, junto al electroshock (corrientes eléctricas), fue ampliamente utilizada para “curar” la homosexualidad. Un caso muy conocido es el del el joven capitán Gerald William Clegg-Hill , que en 1962 fue sentenciado a seis meses de terapia aversiva y a los tres días de terapia falleció. Un examen realizado 30 años después confirmó que la causa de la muerte fueron las fuertes convulsiones que le produjeron un estado comatoso, resultado de las inyecciones de apomorfina. Y es que esta, a dosis altas, produce un envenenamiento grave, con narcosis profunda, depresión del centro respiratorio, debilidad y relajación muscular, debilidad de la acción cardiaca y colapso.

                                        Finalmente, la Psiquiatría (APA) dejó de considerarla una enfermedad y esta terapia dejó de utilizarse en el mundo occidental.

                                       En las décadas de los 40 y 50 fue ampliamente utilizada la apomorfina inyectada para el tratamiento del alcoholismo y otras drogas. En “Fragmentos para una historia del cuerpo en Chile”, escrito por Alvaro Góngora y Rafael Sagredo, se comenta que ya entre los años 1877 y 1924 publicaciones autorizadas recomendaban para combatir el alcoholismo diferentes remedios, tales como: la tintura de opio, cáñamo indiano, baños de agua helada o la administración de Apomorfina…

                                       Un famoso defensor del tratamiento con apomorfina, que consistía en aplicar inyecciones cada dos horas durante al menos tres días, fue el escritor William S. Burroughs, quien, adicto a todo tipo de drogas y sobre todo a la heroína, también se sometió a esta terapia.

                                      En el libro“Hablan los escritores”de George Plimpton. El autor entrevista a William S. Burroughs:

“Ent.: ¿Porqué dejó de tomar drogas?

W.B.: Estaba viviendo en Tánger en 1957 y me había pasado todo un mes en un pequeño cuarto de Kasbah, mirándome la punta del pie. El cuarto estaba lleno de cajas vacías de Eukodol; súbitamente, me di cuenta de que no estaba haciendo nada. Me estaba muriendo. Estaba listo para el final. Así que volé a Londres y me presenté ante el Doctor John Yerbury Dent para recibir tratamiento. La apomorfina es simplemente morfina hervida en ácido hidroclórico; no causa adicción. Lo que hizo la apomorfina fue regular mi metabolismo. Es un regulador metabólico. Me curó fisiológicamente. Ya había realizado una cura cuando estaba en Lexington y aunque ya no tomaba drogas al salir, aún existían residuos fisiológicos. La apomorfina los eliminó. He intentado convencer a la gente de este país sobre su utilidad, pero sin mucha suerte. La gran mayoría (asistentes sociales, doctores) tienen la misma mentalidad que la pasma con respecto a la adicción. Un agente de vigilancia de delincuentes juveniles de California me escribió recientemente, preguntándome sobre el tratamiento con apomorfina. Le responderé dándole todos los detalles. Yo siempre contesto a este tipo de cartas.

ENT.: ¿Ha tenido usted nuevas recaídas?

W.B.: Si, un par de ellas. Cortas. Ambas se corrigieron con apomorfina y ahora, la heroína ya no es una tentación para mí.”

                                    Es interesante leer el “Testimonio de una enfermedad” en su libro “El Almuerzo desnudo” escrito después de su tratamiento con apomorfina en Londres. Es un relato estremecedor de su visión del mundo de la droga y la adicción, y donde Burroughstambién habla con vehemencia sobre la apomorfina.

                                   Leyendo las memorias de Keith Richards, guitarrista de Rolling Stones, encuentro un párrafo muy interesante en el que éste, que era adicto a todo tipo de drogas e incapaz de componer o ni siquiera vivir sin ellas, es convencido por Burroughs para someterse al tratamiento con apomorfina.

                                  Os pongo aquí el citado párrafo y os aconsejo que lo leais porque no tiene desperdicio:

“Fue Bill Burroughs el que me consiguió la apomorfina y a Smitty, la malvada enfermera de Cornualles. La cura que hicimos Gram Parsons y yo con ella era una terapia de aversión total a la heroína. A Smitty le encantaba aplicarla: «Ya es la hora chicos». Y Gram y yo en mi cama: «¡Joder, no, por ahí viene Smitty otra vez!». Los dos necesitábamos desengancharnos; fue justo antes de la gira de despedida del 71, cuando él y la que pronto sería su mujer, Gretchen, vinieron a Inglaterra y nosotros empezamos en nuestra línea como de costumbre. Bill Burroughs nos recomendó a aquella mujer odiosa para que nos administrara la apomorfina de la que Burroughs hablaba sin parar, una terapia que resultó ser bastante inútil aunque a Burroughs le parecía una maravilla. Yo la verdad es que al tipo no lo conocía demasiado excepto de las conversaciones que habíamos tenido sobre drogas: sobre cómo dejarlas o sobre cómo conseguir la calidad que estabas buscando. Smitty era la enfermera favorita de Burroughs y resultó ser una sádica; la cura consistía en chutarnos aquella mierda y luego quedarse vigilándote: «¡Deja de lloriquear, niñato, no estarías como estás si no la hubieras cagado para empezar!». Aquella cura la hicimos en mi casa de Cheyne Walk, Gram y yo tirados en mi cama con dosel (el único tío con el que he dormido en mi vida), sólo que no hacíamos más que caernos de la cama por culpa de las convulsiones que nos provocaba el tratamiento. Teníamos un cubo para vomitar, eso si conseguías dejar de temblar violentamente durante más de dos segundos para acercarte: «¿Tienes el cubo, Gram?». Nuestra única vía de escape, si lográbamos ponernos de pie, era bajar a tocar el piano o cantar un rato, o todo el rato posible para matar las horas. Es una cura que no le recomiendo a nadie. Muchas veces me he preguntado si no sería una broma de Burroughs recomendarme la que seguramente fuera la peor terapia por la que había pasado.

                           No funcionó. Son setenta y dos horas interminables que te has pasado meándote y cagándote encima, con espasmos y temblores y, después de eso, te quedas —se te queda el sistema— agotado. Cuando te metes, es como si mandaras a dormir a las otras movidas, a tus endorfinas y es como si dijeran «¡ah, bueno, pues eso es que no nos necesita!» porque te estás metiendo otra cosa. Total, que tardan setenta y dos horas en despertarse y volver a ponerse en marcha. Después de todo eso, de una semana de esa mierda, necesitas un chute: la de veces que he pasado el mono para ir a meterme inmediatamente en cuanto ha pasado, por lo duro que es el mono en sí.”

                                 También Anita Pallenberg, novia primero de Brian Jones de 1965 a 1967, y después Keith Richards de 1967 hasta 1980, se sometió a una cura con apomorfina que tampoco le funcionó, así que probó con una cura de sueño de siete días en la clínica Bowden House.

                                 Si miramos a la ficción, también ahí encontramos referencias a la apomorfina. Así, en la serie Americana American Horror Story Asylum :

Por otra parte, el Dr. Thredson, que aún no se sabe si es de fiar o no, ayuda a Lana a salir de allí, haciendo que se "cure de su enfermedad", con apomorfina, un tratamiento contra la homosexualidad, produciéndole náuseas cada vez que se excita con el fin de acabar repugnándole. Pero no funciona. Aun así, el Dr. Thredson quiere sacarla del sanatorio.”

                                En “El dragón del estanque”, de S.Van Dine, se describe como el asesino para conseguir una coartada se intoxica con alcohol etílico y luego utiliza como antídoto la apomorfina que es un fármaco emético de acción central que provoca el vómito impidiendo la absorción del tóxico.

                               Por último, y en tono satírico, aparece Tom Sharpe y su novela "Exhibición Impúdica" (1973). En ella nos relata la rocambolesca historia de los intentos del Kommandant Van Heerden, jefe de la policía de Piemburgo, capital de Zululandia, por ser más inglés que los ingleses y por erradicar la mala costumbre de los policías de tirarse a cuantas negras se les pusieran por delante, a base de una terapia aversiva con apomorfina. Esta terapia la lleva a cabo uno de esos psicópatas de Sharpe, el Luitenant Verkramp, ayudado por la doctora Von Blimestein, otra peligrosa psicópata. La terapia consistía en poner los pacientes diapositivas de mujeres negras desnudas mientras se les inyectaba apomorfina y conjuntamente se les aplican electrochoques.   Las cosas no terminan como se podía esperar, pero es otra cuestión que ahora, no toca.

                             También Agatha Christie hace mención a la apomorfina en su novela“ Un triste ciprés “, donde se lee este párrafo: Rosa sin espinas.. Una rosa blanca y sin espinas… después la asesina se inyecta apomorfina.”

                             En cuanto a la utilización de apomorfina en la Enfermedad de Parkinson, fue el Dr. Weil en 1884, el primero en describir esta posibilidad. También comentaré que los primeros estudios sobre apomorfina y Enfermedad de Parkinson los realizó Schwab en 1951.

                             Es de destacar la importancia del test de apomorfina en esta enfermedad, ya que este ayudará en el diágnostico de la enfermedad y no solo eso, es una buena herramienta para predecir la respuesta al tratamiento crónico con levodopa, para determinar la respuesta al tratamiento con apomorfina y para adecuar la dosis óptima a cada paciente. Fundamentalmente está indicado para el tratamiento de la fluctuaciones motoras incapacitantes (fenómeno en off).

                            Por último, la apomorfina fue comercializada para la disfunción eréctil. Esta actúa en el sistema nervioso central, particularmente en la región hipotalámica del cerebro involucrada en la mediación de la erección, por medio de una señal dopaminérgica a través de vías oxitocinérgicas. Por hacer un simil de fontanería diremos que el sildenafilo (Viagra), Vardenafilo (Levitra) y Taladafilo (Cialis), actúan sobre las cañerías, desatascándolas de cal y la apomorfina actúa en el grifo abriéndolo simplemente.

                           En España fue comercializada por los laboratorios Abbott (Uprima) y Dr. Esteve (Taluvian). Las expectativas creadas no se cumplieron, fue un fracaso total y fueron retiradas del Mercado en muy poco tiempo.

 

                                         

alex
muy buen artículo

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