HISTORIA DEL MEDICAMENTO

 

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Martes Mayo 23, 2017

Autor:  Dr.Alberto García Martínez

 

 

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad del sistema nervioso central, caracterizada por una degeneración progresiva de las neuronas motoras en la corteza cerebral (neuronas motoras superiores), tronco del encéfalo y médula espinal (neuronas motoras inferiores). La consecuencia es una debilidad muscular que avanza hasta la parálisis, extendiéndose de unas regiones corporales a otras. Amenaza la autonomía motora, la comunicación oral, la deglución y la respiración, aunque se mantienen intactos los sentidos, el intelecto y los músculos de los ojos. El paciente necesita cada vez más ayuda para realizar las actividades de la vida diaria, volviéndose más dependiente y habitualmente fallece por insuficiencia respiratoria en un plazo de 2 a 5 años, aunque en el 10% de los casos la supervivencia es superior.

El conocimiento de la ELA como una entidad independiente tiene lugar en el siglo XIX, a partir de las observaciones clínico-patológicas de los grandes neurólogos europeos de la época. La primera descripción conocida se debe a Charles Bell quien, en su empeño por demostrar la independencia de las funciones motoras y sensitivas, publica en 1830 en su trabajo “Thenervous system of the human body”, el caso de una paciente con afectación bulbar inicial que se extiende progresivamente a las cuatro extremidades, sin daño sensitivo ni de otras funciones distintas a las motoras (1).

Serán, sin embargo, los estudios de Jean-Martin Charcot (1825-1893) los que describan las características clínico-patológicas de la ELA de una forma similar a como la conocemos hoy en día (2). El método de Charcot se basa, en primer lugar, en una observación minuciosa de los síntomas clínicos y de su progresión en cada paciente, para después correlacionarlos con las lesiones anatómicas comprobadas en la autopsia. Su primera contribución al conocimiento de la enfermedad ocurre en 1865, cuando presenta en la Société Médicale des Hôpitaux de Paris, el informe de una mujer joven que desarrolla una debilidad progresiva acompañada de un aumento en el tono muscular que provoca contracturas, sin afectación del intelecto ni de las funciones sensoriales y preservando el control del esfínter urinario. En la autopsia encontró una degeneración aislada del cordón lateral en la médula espinal.

Pocos años después (1869) y en colaboración con su colega Joffroy (3), describe dos casos de debilidad infantil progresiva acompañada de atrofia muscular, sin aumento del tono ni contracturas, en los que las lesiones medulares están confinadas a la sustancia gris en el asta anterior medular. Después de estos hallazgos, propone una doble organización del sistema motor en la médula espinal: la debilidad acompañada de aumento en el tono y de contracturas es debida a la degeneración del cordón lateral, mientras que la debilidad y la atrofia muscular prominente sin contracturas son consecuencia del daño en la sustancia gris medular en las astas anteriores. Pronto se hace evidente la existencia de pacientes en los que se combinan ambos cuadros clínicos y patológicos. En 1871, junto a Gombault, relaciona la atrofia de los núcleos motores en la parte baja del tronco del encéfalo con la aparición de debilidad labio-gloso-faríngea característica de la parálisis bulbar progresiva. Aunque todas las manifestaciones esenciales ya están descritas, el término esclerosis lateral amiotrófica lo utiliza Charcot por primera vez en 1874 y desde esas fechas la ELA se conoce universalmente con el epónimo de enfermedad de Charcot.

Al microscopio, la principal característica es la pérdida de neuronas en el asta anterior medular y en los núcleos motores del tronco-encéfalo, respetando los responsables de los movimientos oculares. Las neuronas remanentes suelen ser pequeñas y aparecen retraídas, están cargadas de un pigmento llamado lipofucsina y contienen ocasionalmente un cuerpo de inclusión en su citoplasma. En lugar de estas células proliferan astrocitos fibrosos. La desaparición de las neuronas motoras tiene como consecuencia el adelgazamiento de las raíces anteriores medulares, la pérdida de gruesas fibras mielínicas en los nervios motores y un patrón característico de atrofia muscular denominado atrofia por denervación. También existe pérdida de células de Betz en la corteza motora cerebral, aunque puede no ser un hallazgo prominente, y la degeneración de sus axones, el fascículo córtico-espinal, es evidente sobre todo en el cordón lateral de la médula lumbosacra, aunque con tinciones apropiadas también se demuestra en el tronco del encéfalo, cápsula interna y corona radiada (4).

No es hasta mediados del siglo XX cuando se publican los primeros informes epidemiológicos acerca de una enfermedad entre la población nativa chamorro en la isla de Guam, caracterizada por una combinación de ELA, parkinsonismo y demencia, que supone la primera causa de muerte entre los adultos (5, 6). Cuadros clínicos similares ocurren en otras regiones del Pacífico Occidental, donde la incidencia era 50 a 150 veces superior respecto al resto del mundo. Las investigaciones etiológicas sugieren claramente factores exógenos más que genéticos en el origen de la enfermedad, fracasando, sin embargo, en la identificación de factores ambientales o dietéticos que expliquen esta agrupación de casos.

Entre un 5 y un 10% de todos los casos de ELA son familiares. La mayoría se heredan de manera autosómica dominante, aunque también se puede heredar de forma recesiva. En 1993 Rosen (7) identifica mutaciones en el cromosoma 21, más concretamente en el gen que codifica el enzima superóxido-dismutasa tipo 1 (SOD-1). En la actualidad se conocen más de 100 mutaciones distintas en este gen, que son responsables del 15 al 20% de las formas familiares y, por tanto, del 1 al 2% de todas las formas de ELA. Se desconoce la manera en que el enzima mutado contribuye al desarrollo de la enfermedad. Animales manipulados genéticamente, que exhiben las mismas mutaciones humanas, reproducen una enfermedad similar. Por el contrario, cuando se suprime por completo la expresión del gen y el animal no produce ninguna cantidad de enzima, la enfermedad no se manifiesta (8). Se ha propuesto una hipótesis según la cual el enzima mutado sería capaz de ejercer nuevas acciones que tienen como consecuencia la degeneración de la neurona motora.

Las manifestaciones clínicas de las formas familiares y esporádicas de ELA son idénticas. Las diferencias descritas entre ambas hacen referencia a la edad de inicio (unos 10 años antes como media en los casos familiares), a la incidencia según el sexo (predominio de varones en las formas esporádicas e igualdad para ambos sexos en las familiares) y a la extensión de las lesiones microscópicas (anomalías en los cordones posteriores y en otros núcleos medulares) que clínicamente suelen ser silentes (9). Entre los avances surgidos en los últimos 20 años de historia de la enfermedad se incluyen:

• La creación de registros de ELA que posibilitan la investigación epidemiológica;

• La definición y posterior revisión de los criterios diagnósticos, conocidos como criterios del Escorial (10);

• El descubrimiento del riluzol, único fármaco que ha demostrado eficacia para incrementar modestamente la supervivencia de los pacientes (11,12,13);

• El desarrollo de procedimientos efectivos para prolongar la vida mediante el manejo adecuado de los problemas respiratorios (14, 15, 16,17);

• El nacimiento de equipos multidisciplinares que, respetando la autonomía del paciente, proporcionan soporte vital respiratorio y facilitan cuidados sintomáticos durante la evolución de la enfermedad y paliativos al final del proceso (18).

BIBLIOGRAFÍA

1Gutiérrez Rivas e. Historia y terminología. en: esclerosis lateral amiotrófica. Una

enfermedad tratable. Mora Pardina J. editor, 1999; 3-11.

2 Goetz CG. amyotrophic lateral sclerosis: early contributions of Jean-Martin Charcot.

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3 Charcot JM, Joffroy a. Deux cas d’atrophie musculaire progressive. arch Physiol 1869;

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4 Ferrer abizanda I. Neuropatología. en: esclerosis lateral amiotrófica. Una enfermedad

tratable. Mora Pardina J. editor, 1999; 191-205.

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6 Kurland lT, Mulder DW. epidemiologic investigations of amyotrophic lateral sclerosis.

Preliminary report on geographic distribution, with special reference to the Mariana Islands,

including clinical and pathological observations. Part 2. Neurology 1954; 4: 438-48.

7 Rosen DR, Siddique T, Patterson D, et al. Mutations in Cu/Zn superoxide dismutase

gen are associated with familial amyotrophic lateral sclerosis. Nature 1993; 362: 59-62.

8 Reaume a, elliot J, Hoffmann e, et al. Motor neurons in Cu/Zn superoxide dismutasedeficient

mice develop normally but exhibit enhance cell death after axonal injury. Nature

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9 Hirano a, Kurland l, Sayre G. Familial amyotrophic lateral sclerosis: a subgroup

characterized by posterior and spinocerebellar tract involvement and hyaline inclusions in the

anterior horn. arch Neurol 1967; 16: 232-46.

10 Brooks B, Miller R, Swash M, et al. For the world federation of neurology research

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11 Bensimon G, lacomblez l, Meininger V, et al. a controlled trial of riluzole in amyotrophic

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12 lacomblez l, Bensimon G, leigh PN, et al. Dose-ranging study of riluzole in amyotrophic

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13 Miller RG, Mitchell JD, lyon M, et al. Riluzole for amyotrophic lateral sclerosis (alS)/

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GUíA PARA LA ATENCIóN DE ESCLEROSIS LATERAL AMIOTRófICA (ELA) EN ESPAñA 137

17 Oppenheimer ea. Treating respiratory failure in alS: the details are becoming clearer.

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Artículo publicado en la “Guía para la atención de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en España”

Editado y distribuido por el Ministerio de Sanidad y Política Social.

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